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Artículos de opinión

Como Extraños

Así te sientes cuando vuelves a un lugar que no es el tuyo, un lugar que quizás algún día fue tuyo pero que hoy ya no lo era.

Es la misma sensación que tienes al crecer y volver a aquel lugar tal especial de tu infancia, un lugar donde ya nada es igual y donde todo es más pequeño, más viejo y normalmente más aburrido.

Así me sentía yo en aquel cuarto, conversando con mi insomnio mientras mi mirada bailaba por el techo que parecía venirse abajo por momentos.

Ella dormía como si nada pasara después de haber hecho el odio en aquella pequeña cama de aquel íntimo desconocido cuarto. Mientras tanto pasaba su brazo por encima de mi pecho, brazo que ardía en mis entrañas pero que no me atrevía a mover, quizás sus palabras si se despertara quemarían en mí mucho más que aquella simple cadena a la que yo mismo me había condenado.

Miraba al reloj y aun eran las 2:05 de la mañana, 4 o 5 horas me susurraba a mi mismo, una eternidad viendo como cada minuto agarraba al siguiente  y se negaba a morir en mi reloj.

Sin saber muy bien porqué,me armé de valor y sentí la necesidad de levantarme, de vestirme y de abandonar para siempre aquella cárcel nocturna de sabanas y carne. 

Motivado por una fuerza llena de recuerdos del pasado, de odios del presente y de vacíos del futuro, una fuerza que me obligaba a irme sin esperar un segundo más, decidí por fin darle una tregua a mi orgullo y le susurré que no lo vendería más por unas cuantas caricias con resaca de vacío.

Literalmente me quemaban sus sabanas, curioso que aquel lugar donde un día entre algodones disfrutaba de nuestro rincón en el cielo, se convirtiera hoy en un doloroso infierno, un infierno donde el futuro aunque con sus oasis de paz ya tan solo fuera una quimera.

Todo fue en unos segundos, unos segundos interminables donde el silencio más perturbador hacía de aquella situación un pasaje siniestro. Aunque realmente había algo que me ataba a su oscuridad y me hacía imposible atravesar esa puerta. Por fin tras un suspiro en simbiosis con mi alma conseguí mover aquel pomo de plomo y de repente sentí como ella me miraba y como yo se la devolví intentando hablar, pero era imposible y algo me decía que ella tampoco podía hacerlo.

Una mirada que gritaba un adiós, un adiós que susurraba miles de sentimientos encontrados y que callaba toda una vida que ya no viviríamos. Una mirada entre dos personas que dejaron de escribir en el pasado pero que se empeñaban en seguir escribiendo dos puntos más,  tras aquel pesado punto final que evocaba aquel adiós irremediable.























                                                                                                                                                                                                                                                                                  @Twitter @CarlosCaballe37




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