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Artículos de opinión

Errores del Destino.

Se veían a escondidas en un bar de las afuera de Madrid y siempre elegían la misma mesa de la esquina para encontrase entre miradas de pasión y sentimientos escondidos por rutina.

Siempre se perdían para encontrarse, y una vez juntos tan solo se besaban hasta conseguir perderse.

Hace tiempo que se despidieron, hace tiempo que sus vidas empezaron a separarse pero nunca supieron evitar cruzarse por el camino.

Cada vez que se veían era volverse a enamorar una y otra vez, como si existiera un amor a primera vista para cada vez que sus ojos se tocaban. Y su piel tuviera memoria propia para estremecerse al simple tacto de caricias del pasado.

Terminaban la copa rápido para subir a su rincón de primavera perpetua, mientras se besaban en el ascensor hasta llegar a la habitación 311. Esa habitación que escribía una historia paralela por sus vidas, y que describía una guerra en el cielo donde ángeles y demonios tallaban con amor y odio el sudor entre las sabanas.

Aunque sabían que solo tenían un par de horas, podían parar el reloj y hacer la noche infinita acompañada por una banda sonora de poesía que recitaba uno a uno los latidos de su pecho. Una poesía sin final, llena de versos jamás escritos que simplemente se dejaba de escribir al ritmo que sus cuerpos dejaban de tocarse.

Al terminar volvían a despedirse con nostalgia del futuro que perdían. Volvían a encerrar su historia entre paredes de distancia, y una vez mas, volvían a tirar la llave de su amor al mar donde desembocaban los sueños rotos de amores imposibles.







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