-->

Artículos de opinión

Entre un mar de cerezos.


El parque era un mar rosa de flores de cerezo
y con la mirada elegimos un banco de madera cualquiera
con vistas a una lluvia otoñal de hojas ya marchitas.


Ya sentados, me miró con ganas de dejar de hacerlo.
Y soltó mi mano con ganas de seguir sintiendo.
Con una voz seca me dijo que ella no creía en el amor.


Y yo sin más la besé, y la besé, y la seguí besando.
En ese momento supe que se enamoraría tanto de mi,
como miedo tenía a enamorarse.






No hay comentarios:

Últimas 5 entradas escritas.
Widget últimas entradas Blogger