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Artículos de opinión

Me declaro en contra. (por Andrea Millán)

Me declaro en contra de la violencia, del terrorismo, de la guerra.

En contra de la venganza, del ojo por ojo, y del "yo la tengo más grande". 

Me declaro en contra de las fronteras, de las pateras, de los prejuicios.

En contra de las armas, de las mentiras, y las promesas sin cumplir. Estoy en contra de la corrupción, de la pobreza, de los niños que se mueren de hambre de la impotencia de sus padres, del agua no potable.

En contra de aquel que se cree con derecho a decidir sobre la vida de otro.
Porque me declaro a favor de la vida, de los besos a traición, y las sonrisas sinceras.

A favor de los músicos del metro, los artistas de las ramblas, de los poemas en la piel.

Me declaro a favor de las canciones que llegan al alma, del alma puesta en canciones, y la sinfonía de dos cuerpos creando el amor.

Y también de guerra de cosquillas, risueña a jornada completa y payaso por vocación. Me declaro ser humano, tratando de humanizar a cualquier ser.








Princesas sin cuento.

Dicen que no hay príncipe sin princesa. Ni mucho menos princesa sin su cuento.

Nos enseñan a decir te quiero antes que me quiero. A creer en el amor aun cuando el mundo nos demuestra lo contrario. A decir frases tan estúpidas como daría mi vida por ti, o sin ti yo no soy nada. 

Nos enseñan a luchar por una relación, como si hubiera que aguantar las heridas del amor y un perdón pudiera poner fin a toda una guerra.

Me dijeron que tenía que decir te quiero cuando menos lo merecían. Y precisamente un te quiero hay que merecerlo, por eso yo prefiero guardármelos y susurrarlos en pequeñas dosis para aquellos que si lo merecen.

Y claro que mi vida tenía sentido antes de encontrarte, tu no me enseñaste a llorar, ni a enamorarme, ni mucho menos pretendas ser el primer error con nombre de mujer que aparece sin buscarlo por mi vida.

Os juro que lo he intentado, pero no me sale reventar mi orgullo con un falso lo siento que podría poner fin a esos silencios incómodos. Ni ese suspiro que encuentra medias verdades a una gran mentira.

Yo no quiero una princesa a quien rescatar de un altísimo castillo, ni arrastrarme por el suelo herido de muerte pero enamorado.

Siempre he preferido ser poeta que caballero, y escritor antes que príncipe. Así que si me permites voy a escribir mi cuento.Y tu siéntate a mi lado, solo si quieres (y puedes), inspirarme una bonita historia.











Que parezca un accidente.




Tú el jazz de fondo sonando por mi insomnio.
Yo la copa a medias sobre aquella mesa,
la preferida de mis miedos


Yo el verso más frió que quema sobre tu espalda.
Tú el piano más sexy, tocando agudos
por mis sabanas.


Tú enseñándome a huir cogida de la mano.
Yo dejando miguitas de mi corazón,
ya sabes, por si me pierdo.


Tú tocando una canción suicida solo para mi
y yo jugando a la ruleta rusa,
con todo el tambor lleno.


Yo empeñado en buscar amor por los burdeles
Y tú mi musa más puta, haciendo
polvo mi futuro.


Y aun así, decidida y mirándome a los ojos me dijiste...
<<¿Y si nos queremos para siempre?>>
Bueno,
                                                         pero que parezca un accidente.












Cartas a un fantasma

A ti,
que sin conocerte
llevo toda la vida esperándote.
Tengo que decir que he jugado a imaginarte
durante días, para acabar perdido
y buscándote durante toda la noche.

Yo que te he vestido de poesía
empezando por los pies,
y ni siquiera sé,
a qué saben tus besos.

Te declaro culpable
tú que has hecho que a otras le sea imposible.
Tú que me has escuchado cuando escribía,
sin llegar a saber que era exactamente a ti,
a quien iban dirigidos todos
y cada uno de mis versos.

A ti, mi más íntima desconocida.

Tú que aún no tienes nombre,
y yo que tampoco quiero ponértelo
Tú que me esperas un domingo por la tarde
cuando a solas haces planes para dos
en ese lugar que pronto podré llamar
mi propio lado de la cama.

Y se que eres tú,
y todos estos versos son para ti
porque te echo de menos sin conocerte,
y te he hecho de menos el amor,
para que pronto sean de más
y hagamos cuentas con las que me debes.

Te quiero, porque sin llegar a verte,
has tejido a mano mi segunda piel de seda,
y has bordado con carmín tu nombre a la altura
de mi cuello, para espantar a mujeres que intentan
morderme con la boca
y no con el corazón como has hecho tú.

Así que ven, levita hacia mí y atraviésame.

Porque cada paso que doy para acercarme a otras,
solo sirve para enamorarme más de ti.
Así que aquí te espero con la puerta abierta,
y por si acaso vienes con hambre,
tienes mi corazón,de par en par y (solo para ti),
encima de la mesa.





Versos rotos al fondo del bar.

Éramos dos mundos a miles de kilómetros de distancia. Ella hacía honor a sus dos X, yo machacaba hasta el máximo mi Y.

Eras el día de mi noche, yo la noche de tu día. Y enfadada te empeñabas en buscar la rima a mi poesía yo que siempre quise ser el verso libre de tu espalda.

Nacía poesía de todos y cada uno de nuestros gritos. Tu soplabas tormentas con aroma de despedida que chocaba con furia contra mi ventana. Destrozando mi piel de seda hasta que mis miedos salían en manada a bailar bajo la lluvia, exclusivamente para ti.

Éramos tú y yo tan tú y yo, que matarnos lentamente era  nuestro particular libro escrito a medida. Donde borrábamos errores con tachones y dejábamos el final sin escribir, como tantas películas que paramos en tu cama para hacer poesía, una tarde noche cualquiera de domingo.

Nuestro amor fue como escribir versos rotos en una pequeña mesa de madera al fondo del bar. A mi que siempre me gustó estar solo. Ahora siento aquello tan terrible que los demás llaman soledad. Y supongo que todos te han conocido a ti en algún momento de sus vidas para poder sentirlo.

Te has ido y me es difícil echarte de menos. Quizás por que el punto más cercano siempre fue perderte. Y aun así te siento aquí, sentado al lado mía, molestándome con besos y caricias mientras le grito con tinta al papel y no a ti, que vuelvas, sin acompañarlo de ningún tipo de escusa.

A mi que siempre me costó más mirarte a los ojos que abrirme en canal al folio. Ahora termino de escribir esto, y guardo el papel en el hueco que dejaste. Y lo escondo en mis entrañas por si algún día te da por volver a equivocarte,  
                                                y simplemente vuelves.












Y yo subí...

Me dijiste que subiera...y yo subí.
Era una noche de invierno aun así yo iba desnudo a tu lado mientras te acompañaba a la puerta de tu casa. Cuando llegamos me dijiste que subiera, simplemente que subiera sin acompañarlo de ningún tipo de excusa.

Tu casa era París y yo un loco extranjero que perdido subía de tu mano las escaleras de mis miedos. Y es que como decía Bukowski el amor es el perro del infierno pero yo hoy quería quemarme entre tus llamas.

Una vez dentro, me traías una última copa con la que arrancarme la última piel de seda que aun escondía mis miedos. Y bebía sabiendo que tenía que desnudarme dos veces aquella noche de noviembre, si quería lanzarme a bailar desnudo bajo aquel particular atardecer en Libia.

Me gustaba el desorden con el que desabrochabas mi camisa, empezando por el botón del medio y siempre con la mirada clavada por mis ojos, como retándome para aguantar a que me quitaras cada uno de ellos sin poder besarte.

Justo al acabar te dejaste caer en la cama, y yo solo te miraba asustado, sentado justo al borde del abismo pero sin poder dejar de mirar el vacío.

Y entonces me cogiste de la mano para caer junto a ti durante metros hasta lo más profundo y escondido de tu potro de tortura, una tortura placentera que dislocaba mis huesos con furia ante tus ojos por simples recuerdos del pasado.

Acerco mi boca a tu oído y se estremece tanto tu piel que puedo leer en braile sobre tu brazo mientras te pido que te corras por la noche, que ya te alcanzaré yo en los despertares.

Y justo cuando ya sobran las palabras, busco tu mirada para odiarte y nos lanzamos a bailar desnudos por nuestra propia versión más húmeda de Venecia.

Hasta que todo acaba, y en ese momento empecé a ser adicto a las alturas, justo al ver como caías en picado contra mi pecho, y te quedaba dormida tan tierna como si solo pudieras dormir entre el hueco perfecto de mis brazos.

Sabía que por las mañana, nos volveríamos a despedir con más silencios que palabras. Y solo lo haríamos para volver a encontrarnos algún día, de la misma forma que esas historias que siempre vuelven a empezar, una y otra vez, quizás por que realmente nunca llegaron a terminar del todo.

Donde están esos besos que me debías

Ya es noviembre y sigues sin besarme. Me pregunto donde están aquellos besos que firmamos en madrugadas que se hacían día. Aquellos que nos prometimos bajo sabanas y que pensaba que nunca se acabarían.

Te prometo que si supiera que algún día no los iba a tener, te hubiera pedido uno más y un par de miles por si acaso.

Creo que dejaste claro que te ibas, que todo se había acabado y que te llevabas todo contigo. Pero dejaste mis ganas por besarte dentro de la mesilla y cada noche antes de dormir abro el cajón despacito y sin mirar para torturarme un par de horas más.

¿Sabes? Mi cama es Varsovia sin ti, y la noche hoy es aun más oscura que de costumbre. Es difícil amar el sueño cuando te regalé mis noches hace tan sólo un par de madrugadas.

Supongo que aun queda algo de ti en mí, y ese algo pesa más en noches como estas. Cuando hasta el aire entra por la ventana con el perfume que a mi tanto me gustaba oler sobre tu cuello.

Intento dibujar tu nombre sobre el segundo café de la noche, hasta que recuerdo que no volverás, y apuñalo la espuma (y tu nombre) con la cuchara mientras intento no pensar en ti.

Te prometo que no te recuerdo durante todo el día, pero a esas malditas horas de la noche cuando todo el mundo duerme, tú aprovechas para gritar recuerdos en mi cabeza, y yo te siento tan cerca como para matarme y tan lejos como para no verte nunca más.

Te prometo que retaré mi cuerpo a olvidarte en otras camas, pero te voy adelantando que ya parece imposible antes de empezar. Supongo que desfilaran otras piernas por mi pasillo, que serán otros nombres los que griten mis paredes, y que tu espalda desnuda ya no quedará clavada en el techo de mi habitación.

Te fuiste y a partir de ese maldito día, mis noches poco a poco se fueron haciendo tan largas como mi orgullo para no llamarte. 

Y eso que el mundo es un poco hijo de puta a la hora de olvidarte. Como si tuviera un plan para que te recordara cada día y cada noche sin excepción; Una conversación en el metro, el reflejo de un charco en mitad de la gran vía, una pareja besándose en el parque.

Fuiste el amor de mi vida aunque siempre tuviste aromas del de mi muerte. Supongo que sin quererlo algún día tu y yo firmamos juntos por un amor inolvidable, y nos olvidamos de añadirle un maldito para siempre.

























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