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Artículos de opinión

Donde están esos besos que me debías

Ya es noviembre y sigues sin besarme. Me pregunto donde están aquellos besos que firmamos en madrugadas que se hacían día. Aquellos que nos prometimos bajo sabanas y que pensaba que nunca se acabarían.

Te prometo que si supiera que algún día no los iba a tener, te hubiera pedido uno más y un par de miles por si acaso.

Creo que dejaste claro que te ibas, que todo se había acabado y que te llevabas todo contigo. Pero dejaste mis ganas por besarte dentro de la mesilla y cada noche antes de dormir abro el cajón despacito y sin mirar para torturarme un par de horas más.

¿Sabes? Mi cama es Varsovia sin ti, y la noche hoy es aun más oscura que de costumbre. Es difícil amar el sueño cuando te regalé mis noches hace tan sólo un par de madrugadas.

Supongo que aun queda algo de ti en mí, y ese algo pesa más en noches como estas. Cuando hasta el aire entra por la ventana con el perfume que a mi tanto me gustaba oler sobre tu cuello.

Intento dibujar tu nombre sobre el segundo café de la noche, hasta que recuerdo que no volverás, y apuñalo la espuma (y tu nombre) con la cuchara mientras intento no pensar en ti.

Te prometo que no te recuerdo durante todo el día, pero a esas malditas horas de la noche cuando todo el mundo duerme, tú aprovechas para gritar recuerdos en mi cabeza, y yo te siento tan cerca como para matarme y tan lejos como para no verte nunca más.

Te prometo que retaré mi cuerpo a olvidarte en otras camas, pero te voy adelantando que ya parece imposible antes de empezar. Supongo que desfilaran otras piernas por mi pasillo, que serán otros nombres los que griten mis paredes, y que tu espalda desnuda ya no quedará clavada en el techo de mi habitación.

Te fuiste y a partir de ese maldito día, mis noches poco a poco se fueron haciendo tan largas como mi orgullo para no llamarte. 

Y eso que el mundo es un poco hijo de puta a la hora de olvidarte. Como si tuviera un plan para que te recordara cada día y cada noche sin excepción; Una conversación en el metro, el reflejo de un charco en mitad de la gran vía, una pareja besándose en el parque.

Fuiste el amor de mi vida aunque siempre tuviste aromas del de mi muerte. Supongo que sin quererlo algún día tu y yo firmamos juntos por un amor inolvidable, y nos olvidamos de añadirle un maldito para siempre.

























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