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Artículos de opinión

Versos rotos al fondo del bar.

Éramos dos mundos a miles de kilómetros de distancia. Ella hacía honor a sus dos X, yo machacaba hasta el máximo mi Y.

Eras el día de mi noche, yo la noche de tu día. Y enfadada te empeñabas en buscar la rima a mi poesía yo que siempre quise ser el verso libre de tu espalda.

Nacía poesía de todos y cada uno de nuestros gritos. Tu soplabas tormentas con aroma de despedida que chocaba con furia contra mi ventana. Destrozando mi piel de seda hasta que mis miedos salían en manada a bailar bajo la lluvia, exclusivamente para ti.

Éramos tú y yo tan tú y yo, que matarnos lentamente era  nuestro particular libro escrito a medida. Donde borrábamos errores con tachones y dejábamos el final sin escribir, como tantas películas que paramos en tu cama para hacer poesía, una tarde noche cualquiera de domingo.

Nuestro amor fue como escribir versos rotos en una pequeña mesa de madera al fondo del bar. A mi que siempre me gustó estar solo. Ahora siento aquello tan terrible que los demás llaman soledad. Y supongo que todos te han conocido a ti en algún momento de sus vidas para poder sentirlo.

Te has ido y me es difícil echarte de menos. Quizás por que el punto más cercano siempre fue perderte. Y aun así te siento aquí, sentado al lado mía, molestándome con besos y caricias mientras le grito con tinta al papel y no a ti, que vuelvas, sin acompañarlo de ningún tipo de escusa.

A mi que siempre me costó más mirarte a los ojos que abrirme en canal al folio. Ahora termino de escribir esto, y guardo el papel en el hueco que dejaste. Y lo escondo en mis entrañas por si algún día te da por volver a equivocarte,  
                                                y simplemente vuelves.












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