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Artículos de opinión

A la casi-mujer de mi vida

Pudiste ser la mujer de mi vida.
Empiezo diciendo esto ahora que ya se, que nunca lo serás. Que tenías todo para serlo, que te di todo para no hacerlo, y has acabado por marcharte.

Tengo que decir que los mayas acertaron en todas sus predicciones, que no era el final del todo sino el principio del fin, es decir, nuestro propio fin del mundo.

Se que eres tu, que irremediablemente tenias que ser tu. Y ahora te has convertido en todos y cada uno de mis miedos, en la noche más oscura de Madrid, en nuestro propio atardecer en Libia, o en París, pero esta vez sin ti.

Sin ti, como el café a medias sobre la cama de cada mañana, el cargado a besos justo después de la comida,  o el entero de poesía durante toda la puta noche.

y aun así, mis ganas por besarte, siguen en huelga de hambre dentro de mi estomago, y me piden que vuelva a empeñar mi orgullo, solo por un poco, del todo que perdí contigo. 

Y no debo decirlo, pero tu pecho era mi alcoba donde pasar esos perfectos días de lluvia. Donde juntos tocábamos el agua del cristal hacia tus piernas, hasta que se perdía en mi cama, bajo un falso pretexto de poesía.

Pero ahora mírame.

Has pasado de mis sueños a mis ojeras, y has hecho una cuna a medida, para mecerte en ellas.
Incluso las peores noches cuando parece que te he olvidado, te cuelgas de la luna solo para llamar mi atención, y yo me quedo embobado como un niño, empatando a 0, una partida contra mi propio insomnio.

Tu que pudiste ser la mujer de mi vida, que te ofrecí amar, y de paso ser amada. Que te pedí que te sentaras en el rincón de nuestra playa más perdida, para ver en primera fila todos y cada uno de mis besos.

Y a ti como al pájaro enjaulado, esto siempre te pareció una terrible enfermedad.




Soneto a un perdón.

No quiero ser un músico rodeado de mujeres.
Ni tampoco escritor, derramando lágrimas en papeles.
Solo quiero ser poesía de musas en andenes.
No llorar privado en privados de burdeles.

Siempre preferí el odio en dosis de tus besos,
que los besos de amor sin consecuencias.
No busco alguien perfecto que me ofrezca reverencia,
si un amor que rompa y cure, todos mis huesos.

Estoy cansado de perder, de escribir siempre lo mismo. 
Quizás no sea ganar lo que pido a mis fantasmas.
Que no vuelvan tus besos, pido un cargado de realismo.

Suena poesía de lluvia, y tus promesas huelen a tierra.
Vienes a buscarme, pero me hago el sordo en mi trinchera.
Supongo que un perdón nunca puso fin a todo una guerra.










Microcuento V

&

Ella me dijo, quiero hacerte el
amor como nunca te lo ha hecho nadie.
Lo que nunca pensé,
es que ella no hablaba de sexo...



&



Has pasado de ser mi sueño a mis ojeras,
Y has hecho una cuna para
mecerte en ellas.



&



Le dije hazme el amor, pero ella
quiso hacerme el odio.
Es curioso, por que a partir de entonces
y sin ningún motivo,
yo la amé y ella me odió hasta hacerme polvo,
y como no me habían follado nunca


&


Nunca me gustó el juego.
Aun así aposté que te iba a perder,
y doblé mi apuesta en otras camas.


&


Me atravesaron el corazón de lado a lado.
lo siento.
Ahora solo te puedo ofrecer
ser el menor de mis problemas.



&





El día que pude ver un hombre invisible.



Era una de las más frías mañanas de diciembre,
cuando congelado caminaba por el centro
de Córdoba, hasta que lo vi.


Era una de esas personas invisibles.
Apoyado contra la pared con un viejo abrigo,
y unos pantalones algunas tallas más pequeñas.


Sus pies descalzos tocaban directamente el suelo,
y junto a ellos un pequeño cartel de cartón, cargado
del realismo poético más trágico.


Temblando con mucho más frió que vergüenza,
 veía como la gente se limitaba a pasar a su lado con las prisas
 típicas de la ciudad, y la apatía del hombre moderno.


Desde lejos saque mi cartera para rascar algunas monedas,
me quité los calcetines sin que nadie me viera,
y me acerque para dárselos a aquel hombre invisible


Me acerque a el y la gente me veía hablar solo.
Le pregunté si tenía frió y le ofrecí mis calcetines.
Me dijo que si y apenas sin mirarme, los cogió.


Para despedirme, puse mi mano sobre su hombro,
le dejé algunas monedas y me marché,
mientras todo el mundo me miraban como a un loco.


Aquel día yo pude hablar y ver a un hombre invisible.
Ah y por cierto,
a partir de entonces ya nunca más he vuelto a sentir frió.













Microcuentos IV


&



La noche huele a ti.
Las sabanas huelen a ti.
El lado de tu cama, el vació de mi pecho, la poesía a medias...
Se podría decir que la ausencia lleva puesto tu perfume.



&


Somos el café a medias por la mañana,
el cortado a besos de la tarde, y el
entero de poesía durante toda la noche...




&


A día de hoy puedo decir.
Que prefiero tropezar dos veces con la misma piedra,
antes que no encontrármela por el camino.



&


No hay mayor impotencia,
que alguien se muera,
y le odies a el por irse.


&


Cariño
esta noche
pide en esa cama una mesa para dos.



&




Por eso que se hace llamar España.

Por todos aquellos que murieron, y por los que vivieron 
viendo como moría su libertad.
 Por los que se fueron, y por los que se quedaron aquí
pero sin perder de vista el mar.


Por los artistas que llenaron sus bolsillos de nuestra arena,
y tuvieron  que dejar su tierra.
Y como no, por el pueblo Sudamericano que nos dejo entrar,
después de tanto y a pesar de todo.


Por la muerte de Lorca, por el exilio de Machado, por Alberti
y por mi abuelo, que perdió a su padre.
Por los que murieron con un nombre, y por aquellos que descansan
en fosas tan comunes, que ni siquiera tienen uno.


Por los caídos sin valle, los sublevados sin armas, por la república
que perdimos y por nosotros, los que la seguimos esperando.
Por todos los que se opusieron y se condenaron a la muerte, y
por quienes no lo hicieron, y se condenaron a la vida.


Escribo por todos ellos que sin conocerlos los siento cerca.
Ni por España, ni su bandera ni por su himno. 
Pero escribo, y escribo por ellos que fueron y son mi patria,
y lo siento pero mi patria solo existe, donde abarca mis manos.







Un terrible accidente.


Ven,

Has llegado justo a tiempo.
Es la hora de que tus labios
choquen con los míos.


Y provoquen el accidente
más terrible que puede
ocurrir en estas sabanas











Hasta siempre. 9- 12- 2015.

Te fuiste, no te despediste, te marchaste...
Demasiados tiempos verbales en pasado para un dolor tan presente.

El puto cáncer se hizo con tu cuerpo, e hizo metástasis en todas las personas de tu alrededor. Me intento imaginar el dolor de tu madre, novia, hermana. Creo que es imposible.

No nos dijiste que tenías cáncer. Te odie al enterarme tan tarde aunque ahora te lo agradezco, no se que palabras hubieran salido de mi boca, y menos que cara te hubiera puesto al verte ese mismo día. Por que tu lo sabes, hubiera cogido el primer tren que me llevara a Madrid.

Por aquí todo sigue igual, Seguimos hablando todos de ti. Sigues estando presente en muchos aspectos de nuestra vida.

Es curioso ya no estás pero sigo hablándote en presente. Tú me ayudaste a empezar en esto, los dos nos reíamos sobre el título de mi libro, hablábamos de volver a viajar todos juntos este verano. Hasta bromeamos con la muerte hace tan solo 3 meses cuando ya tenías el cáncer, pero nadie te lo había dicho.

Tampoco he querido hablar con tu novia, supongo que estará destrozada mucho peor que yo.Y yo en su lugar me gustaría que me dejaran solo,

Te llevas muchas cosas de este mundo, casi tantas como las que dejas. Medio corazón de tu madre, la mitad de tu novia, media vida de tu familia, tu vida entera y la despedida que nos debes.

Pero bueno, 
Aquí tienes mi pequeña y a destiempo despedida.

DEP.















Asquerosamente bonito.

Te pedí que amases la noche, tanto como las noches parecen amarme a mi. Nosotros que hemos susurrado te quieros en pensiones sin ventanas, y hemos follado a gritos en hoteles de cinco estrellas.

Llegue aprenderte tanto y tanto de memoria, que solo con ver como te mordías el labio, me bastaba para buscar cualquier excusa y cogerte de la mano para llevarte exactamente al lugar que estabas pensando.

¿Te acuerdas? Aquel día que vimos el amanecer en aquella playa desierta, y lo apagamos de un chasquido solo para follar bajo la luna. Aquella noche tú gritabas más que de costumbre, y todas las estrellas se sentaron en primera fila solo para escucharte. Hasta que te corriste, justo al mismo tiempo que todas ellas corrían sin control por todo el cielo, y solo para que tú y yo las ordenásemos despacito con los dedos.

Tú y yo, que hemos llorado de más, hemos reído de más, y hemos acabado haciendo polvo nuestro reloj de arena, para poder follar de más y detener el tiempo.

Brindo por todo lo que nos prohibieron y sin saberlo nos estaban invitando a hacerlo. Por las veces que nos han pillado follando en bares, o por las veces que sabíamos que nos iban a pillar, pero nos daba exactamente igual.

Y tú lo sabes, no hay nada más prohibido que el buen arte, por eso siempre me gustó ser lienzo, y que fueses tú, la que tatuara en mi espalda el recorrido de todos y cada uno de tus orgasmos. Y yo mientras te dejaba mi sangre debajo de las uñas, por si te olvidabas que los demonios también sangran.



¿Qué como soy?

De esos que ama a los animales, pero
odia los zoológicos.
De los que busca una princesa, mientras
espera la República.


Ese que sin besarte ya sabía que
 acabaría repitiendo.
Y ese que sin jugar, ya sabía que 
acabaría perdiendo.


Soy de esos que ama el rugir de 
los tanques si son de cerveza.
Y que defiende las guerras más 
intensas si son en tus sábanas.


Ese que le encantan ver tus uñas pintar
poesía por mi espalda.
Y de paso, escribir algún que otro
verso por tus pechos.


De esos que están repletos de defectos, 
pero sin ningún complejo.
Y aveces, con algún que otro complejo,
 pero sin ningún defecto.


Soy aquel que siempre ha pensado que 
los buenos eran los Indios.
Y que tus Vaqueros, como mejor te quedan son
quitados, y en el suelo de mi cuarto.













Nuestro precioso Infierno

Me enamoré de su oscuridad y ella de mis demonios. Eramos el infierno perfecto.

Cada noche le pedía una última vez, le pedía que me mintiese otra noche más y que despertara entre mis brazos una última mañana. 

Juntos mirábamos al cielo, y desde un principio nos dimos cuenta que la luna ya estaba llena de miradas, que un día se perdieron buscando una respuesta.

Por eso evitábamos hablar de un nosotros, de un mañana juntos, simplemente moríamos en preguntas sin contestar, en promesas no cumplidas, en historias sin finales.

Insistíamos en mentirnos antes del final indiscutible, un final que quizás nunca tuvo que empezar, pero que una vez que lo hizo ya era imposible detener. Y así fue, se prolongó de manera estúpida durante meses, alargando un preludio que los demás conocían como "te lo dije" una historia que terminaba a nuestra manera de una forma tan irracional como irracional fue su comienzo.

Hoy hace dos meses que no se nada de ella, supongo que personas como nosotros jamás tuvieron que encontrarse, aunque quizás precisamente estábamos destinado a eso, a encontrarnos para luego perdernos y nuestro problema fue saberlo desde el principio.

Ella desapareció de mi vida como desaparecen las personas que hacen más daño, sin ruido, sin dramas, sin llantos. Simplemente con una última mirada que se pierde entre los coches y dejando ante su paso un rastro de dolor y tristeza mezclado con una dosis implacable de melancolía. 

Aun así hoy sonrió porque me enamoré de su oscuridad y ella de mis demonios y como tal supimos bailar en el infierno sin buscar ese típico final feliz, sino esa necesaria bonita historia.






                                                                                                                         Twitter @CarlosCaballe37

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