-->

Artículos de opinión

El día que pude ver un hombre invisible.



Era una de las más frías mañanas de diciembre,
cuando congelado caminaba por el centro
de Córdoba, hasta que lo vi.


Era una de esas personas invisibles.
Apoyado contra la pared con un viejo abrigo,
y unos pantalones algunas tallas más pequeñas.


Sus pies descalzos tocaban directamente el suelo,
y junto a ellos un pequeño cartel de cartón, cargado
del realismo poético más trágico.


Temblando con mucho más frió que vergüenza,
 veía como la gente se limitaba a pasar a su lado con las prisas
 típicas de la ciudad, y la apatía del hombre moderno.


Desde lejos saque mi cartera para rascar algunas monedas,
me quité los calcetines sin que nadie me viera,
y me acerque para dárselos a aquel hombre invisible


Me acerque a el y la gente me veía hablar solo.
Le pregunté si tenía frió y le ofrecí mis calcetines.
Me dijo que si y apenas sin mirarme, los cogió.


Para despedirme, puse mi mano sobre su hombro,
le dejé algunas monedas y me marché,
mientras todo el mundo me miraban como a un loco.


Aquel día yo pude hablar y ver a un hombre invisible.
Ah y por cierto,
a partir de entonces ya nunca más he vuelto a sentir frió.













No hay comentarios:

Últimas 5 entradas escritas.
Widget últimas entradas Blogger